El Agility, tanto para el propietario como para el perro, debe ser un juego, un motivo de alegría y de satisfacción y en ningún caso un sacrificio o una represión.
En la competición de Agility se miden, no sólo las aptitudes del perro para franquear con mayor o menor éxito los diferentes obstáculos que integran un recorrido, sino que la forma de hacerlo sea la más rápida y correcta posible. Para ello es imprescindible que el propietario lleve totalmente controlado al perro.
El control del perro no es algo que se consigue en un solo dia, sino que requiere un método y todo un aprendizaje. El perro debe entender que su dueño le dé órdenes y que debe apresurarse a cumplirlas.
Para acometer con éxito la práctica del Agility es necesario que el perro domine a la perfección cuatro ejercicios básicos:
- Acudir rápidamente a la llamada
- Sentarse a la orden
- Tumbarse a la orden
- Caminar junto al dueño sin correa.
Con estas cuatro cosas elementales bien domindas el propietario y su dueño pueden comenzar a practicar el Agility.
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